El primer capítulo de la Biblia nos dice que Dios creó a los seres humanos “a su imagen” (Génesis 1:27). Los hombres y las mujeres fueron creados “a imagen de Dios” (mismo versículo)

Obviamente, no somos a la imagen de Dios en términos de estatura, peso o color de piel. Dios es espíritu, no-creado, y nosotros somos creados de la materia.

Pero, Dios ha hecho a la humanidad a su propia imagen, lo cual significa que hay formas esenciales en las cuales Él nos ha hecho como Él. Somos auto-consientes, podemos comunicarnos, planear, pensar creativamente, diseñar y construir, resolver problemas y ser una fuerza para el bien en nuestro mundo. Y podemos amar.

Nosotros somos creados como Dios “en verdadera justicia y santidad” (Efesios 4:24). Pero, muchas veces en esos mismos aspectos, la gente no es como Dios para nada. De hecho, la gente puede ser muchas veces impía.

A pesar de esto, sin embargo, hay ciertas cosas de las que podemos estar seguros. En primer lugar, Dios siempre será fiel en su amor hacia nosotros.

Un ejemplo perfecto

El Nuevo Testamento nos ayuda a entender qué significa ser a la imagen de Dios. El apóstol Pablo nos dice que Dios está re-creándonos en algo que es perfecto y bueno: la semejanza de Jesucristo.

“Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos” (Romanos 8:29). En otras palabras, Dios quiso desde el principio que nosotros fuéramos como Jesús, el Hijo de Dios en la carne.

Pablo dice que Jesús mismo “es la imagen de Dios” (2 Corintios 1:15). Él es el ejemplo perfecto de cómo nosotros fuimos creados y cómo deberíamos ser. Somos hijos de Dios, en su familia y vemos a Jesús, el Hijo de Dios, para ver qué es lo que esto significa.

Uno de los discípulos de Jesús le preguntó: “Muéstranos al Padre” (Juan 14:8). Y Jesús le respondió: “el que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (v. 9). En otras palabras, Jesús dice: Lo que tú realmente necesitas conocer acerca de Dios, lo puedes ver en mí.

Él no está hablando sobre el color de piel, forma de vestir o las habilidades de carpintería, por ejemplo, excepto en la manera en que tales cosas sean consistentes con la imagen de Dios.

Jesús está hablando sobre el espíritu, las actitudes y las acciones. Dios es amor, escribió Juan después (1 Juan 4:8) y Jesús nos muestra qué es el amor y cómo debemos amar como personas siendo conformadas a su imagen.

Puesto que los humanos fuimos creados a la imagen de Dios, no es de extrañar que Dios nos esté conformando a la imagen de Jesús. Él debe ser “formado” en nosotros (Gálatas 4:19).

Nuestra meta es ser “conforme a la plena estatura de Cristo” (Efesios 4:13). Cuando somos cambiados a la imagen de Jesús, la imagen de Dios es restaurada en nosotros, y llegamos a ser lo que deberíamos ser.

Quizá usted no sea muy parecido a Jesús ahora. Eso está bien. Dios ya sabe esto, y por eso es que Él ya está trabajando con usted. Si usted se lo permite, Él lo cambiará, lo transformará, para ser más y más como Cristo (2 Corintios 3:18). Se necesita paciencia, pero el proceso llena la vida con significado y propósito.

¿Por qué Dios no hace todo esto en un parpadear de ojos? Porque eso no tomaría en cuenta a la persona verdadera, pensante y amorosa que Él creó y que deberíamos ser.

Un cambio de mente y de corazón, la decisión de volver a Dios y confiar en Cristo, puede tomar sólo un momento, como decidir ir por cierto camino. Pero el viaje real por ese camino toma tiempo y puede estar lleno de obstáculos y problemas. De igual forma, toma tiempo cambiar los hábitos, los comportamientos y las actitudes.

Además, Dios lo ama a usted y quiere que usted lo ame a Él. Pero el amor es amor sólo cuando es dado gratuitamente, no cuando es demandado. El amor forzado no es amor para nada.

Se hace mejor y mejor

El propósito de Dios para usted no es solamente ser como Jesús fue hace 2,000 años, sino también ser como Jesús es ahora: ¡resucitado, inmortal, lleno de gloria y poder!

“Él transformará nuestro cuerpo miserable para que sea como su cuerpo glorioso” (Filipenses 3:21).

Si hemos estado unidos con Cristo en esta vida, “sin duda también estaremos unidos con Él en su resurrección” (Romanos 6:5).

“Seremos como Él”, nos asegura Juan. (1 Juan 3:2).

Si somos hijos de Dios, escribe Pablo, entonces podemos estar seguros de que “también tendremos parte con Él en su gloria” (Romanos 8:17). Se nos dará una gloria como la que Cristo tiene, cuerpos inmortales, cuerpos que nunca se deterioran, cuerpos espirituales.

Seremos levantados en gloria, escribe Pablo, y levantados en poder (1 Corintios 15:42-44). “Y así como hemos llevado la imagen de aquel hombre terrenal, llevaremos también la imagen del celestial”, ¡seremos como Cristo! (v. 49).

¿Quisiera usted ser como Jesucristo? ¿Quisiera usted tener gloria e inmortalidad? ¡Dios lo creó a usted para eso! Es un regalo maravilloso que Él quiere que usted tenga. Es un futuro emocionante y maravilloso, y esto le da significado y propósito a la vida.

Cuando vemos el resultado final, el proceso en que estamos ahora tiene sentido. Los problemas, las pruebas y dolores de la vida, así como las alegrías, tienen más sentido cuando sabemos de qué se trata la vida.

Cuando sabemos de la gloria que se nos dará, los sufrimientos de esta vida son más fáciles de soportar. (Romanos 8:18). Dios nos ha dado promesas extremadamente grandes y preciosas.

¿Hay un problema aquí?

Pero espere un momento, dirá usted. Yo nunca he sido suficientemente bueno para tener esa clase de gloria y poder. Yo sólo soy una persona ordinaria. Si el cielo es un lugar perfecto, entonces yo no pertenezco allí. Yo he cometido errores, mi vida es un desastre.

Eso está bien, Dios ya sabe eso, pero Él no permitirá que eso lo detenga. Él tiene planes para usted, y Él ya ha planeado que esos problemas se resuelvan. La vida de todos es un desastre y nadie merece que se le de gloria y poder.

Pero Dios sabe cómo salvar a personas que son pecadoras, y no importa cuántas veces se equivoquen, Él sabe cómo rescatarlos.

El plan de Dios se centra en Jesucristo, quien vivió sin pecado en nuestro lugar y quien sufrió por nuestros pecados en nuestro lugar. Él nos representa a nosotros ante Dios y nos ofrece el regalo de la vida eterna, si la aceptamos por medio de Él.

(Luc 20:21) Y le preguntaron, diciendo: Maestro, sabemos que dices y enseñas rectamente, y que no haces acepción de persona, sino que enseñas el camino de Dios con verdad. (Luc 20:22) ¿Nos es lícito dar tributo a César, o no? (Luc 20:23) Mas él, comprendiendo la astucia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis? (Luc 20:24) Mostradme la moneda. ¿De quién tiene la imagen y la inscripción? Y respondiendo dijeron: De César. (Luc 20:25) Entonces les dijo: Pues dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. (Luc 20:26) Y no pudieron sorprenderle en palabra alguna delante del pueblo, sino que maravillados de su respuesta, callaron.

Imagen de Dios

(Gén 1:26) Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. (Gén 1:27) Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.

SI SOMOS SU IMAGEN DALE A CRISTO TU VIDA, ESO QUIERE ÉL

Oscar Daniel Torres

Profeta y Apóstol

Compartir esta nota: Share on FacebookTweet about this on TwitterEmail this to someoneShare on Google+
Loading...